La red social: crítica

Sin duda está llamada a ser una de las pelis del año, no solo por su calidad sino por lo que aborda. Y es que hoy en día es raro quien no sepa qué es el Facebook. Bueno, qué es es un poco más complicado pero hablar sí se ha oído hablar de él.

Una película más que recomendable que fuimos a ver con Noe y Gael y que no decepcionó. No se si los hechos que se relatan son muy fidedignos pero si os aseguro que la peli es trepidante, muy dinámica (Diox como odio esa palabra, y la uso!) entretenida, y das las que da para charlar un buen rato tras verla.

Dejarías a tus hijos entrar en Facebook, a partir de qué edad? Es un medio de vida, parte de ella? A continuación una crítica sin desperdicio vía lashorasperdidas:





LA RED SOCIAL

David Fincher
Aaron Sorkin, basado en la novela de Ben Mezrich
Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Justin Timberlake, Rooney Mara, Armie Hammer, Joseph Mazzello, Max Minghella, Rashida Jones, Brenda Song
Jeff Cronenweth
Angus Wall y Kirk Baxter
Trent Reznor y Atticus Ross
Donald Graham Burt
Dana Brunetti, Ceán Chaffin, Michael De Luca, Scott Rudin
Aaron Sorkin y Kevin Spacey
Columbia Pictures
Sony Pictures 

 Se han dicho muchas cosas sobre La red social, como que es la mejor película del año, que es un filme que define toda una década o que supone un preciso retrato generacional. Si habéis seguido el desarrollo de las noticias de las últimas semanas tendréis una cierta idea de hasta qué punto llegan las expectativas sobre ella y cómo se la ha encumbrado. En mi caso, al terminar de verla, salí con la sensación de haber asistido a una grandísima película, técnicamente perfecta, pero a la que le falta un empujón para dar el salto y verse junto a términos como “obra maestra” o “clásico instantáneo”.

Carece de ese algo del que sí hacían gala trabajos más redondos de David Fincher como El club de la lucha o Zodiac. Esta película estaba destinada estadísticamente a ocupar ese puesto (Fincher siempre alterna una peli buena con una obra maestra) y se ha quedado a las puertas por muy poco.
El (único) problema que le veo a la película es el hecho de que sea el relato puntual de algo ocurrido hace escasos siete años, un tiempo relativamente corto que no permite ver el impacto global de la historia que se pretende contar. No es desde luego superficial, pero sólo asistimos al principio de todo, dejando un sentimiento de insatisfacción. Cuando aparecieron los créditos finales en pantalla me quedé con cara de: “¿eso es todo?”. El regusto que deja se podría concretar en que lleva el concepto de blue balls a su máxima expresión: te mantiene gozando al máximo durante dos horas, pero no termina de culminar.

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La película arranca con Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), un genio de los ordenadores con poco tacto para mantener relaciones sociales –como nos demuestra en la primera escena– que decide embarcarse en un proyecto que permita plasmar online la experiencia social universitaria. Lo que antes implicaba un arduo proceso para conseguir entrar en uno de los elitistas clubes del campus de Harvard, ahora quedará al alcance de un click de ratón.

La red social sólo necesita su cuarto de hora inicial para presentar de una manera brillante las tres líneas argumentales principales que se irán alternando a la largo de la película a base de saltos temporales: El desarrollo de ese invento (Facebook) y los dos pleitos judiciales a los que se enfrenta su creador. En uno de ellos vemos como demandante a Eduardo Saverin (Andrew Garfield) y en el otro a los hermanos Winklevoss (Armie Hammer) junto a su fiel lacayo Dyvia Narendra (Max Minghella).
Ambos sirven para exponer una serie de testimonios que nos llevan a cuestionar la legalidad y moralidad de ciertas acciones de los protagonistas. Los flashbacks nos muestran cómo lo que nace como una idea desinteresada se convierte en destructor de amistades cuando se interpone el vil dinero y la ambición. Aunque mucha de la carga emocional se base en las relaciones de los personajes y las posteriores puñaladas y traiciones que reciben, se muestran las razones de cada uno para hacer lo que hace y se ponen los suficientes puntos de vista sobre la mesa para que resulte ambiguo en ocasiones y no permita clasificar a los personajes en simplemente buenos o malos, todos tienen sus claroscuros.

Bueno, menos Justin Timberlake, que es un cabrón en el sentido total de la palabra, pero eso ya es otro tema.

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El artífice de este portento es Aaron Sorkin y ello se palpa en todo momento con la increíble fluidez e ingenio de unos diálogos y situaciones que hacen que el ritmo no decaiga en ningún momento durante la duración de la película. Duración de dos horas según el reloj, pero es tal la rapidez con la que los actores sueltan sus diálogos, que lo que vemos en escasos minutos son en realidad páginas y páginas de este guión firmado por creador de El ala oeste de la Casa Blanca. No hay apenas tiempos muertos, es una sucesión constante y prodigiosa de ideas y detalles directos de la cabeza de un hombre al que ya podéis considerar futuro ganador del Oscar a mejor guión adaptado.

El resto de elogios hay que repartirlos entre su director y el plantel de actores.

David Fincher se encuentra aquí bastante comedido, optando por una realización elegante y con el buen gusto que le caracteriza, pero al servicio total de lo creado por Sorkin. Eso sí, cuando se suelta la melena nos regala algunas secuencias que te dejan clavado en la butaca, apoyadas sobre todo por un enérgico montaje por parte de Angus Wall y Kirk Baxter (Zodiac, El curioso caso de Benjamin Button) y la increíble labor de fotografía de Jeff Cronenweth (El club de la lucha). Podéis apuntar otros cuantos Oscar por aquí también.

Jesse Eisenberg, actor que ha sabido dar vida al perfecto nerd, inseguro y maniático en anteriores trabajos, se ajusta aquí perfectamente a su papel de Zuckerberg, un “chico de al lado” que te crees en todo momento. Un cerebrito solitario y metido en su mundo, pero que no deja de ser un joven cercano y que desprende cierta simpatía, aunque en algunos momentos pueda parecer un auténtico gilipollas. Es el motor de la historia junto a Andrew Garfield, que interpreta a su mejor amigo, Eduardo Saverin, un joven inocentón y lleno de ilusión que descubre que el mundo no es tan bueno como podía pintar en un principio. Garfield otorga un grado de humanidad al personaje que resulta conmovedor y hace que den ganas de atravesar la pantalla para darle un abrazo al chaval.

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Para el ya mencionando Justin Timberlake hay un papel relativamente corto, ya que no hace acto de presencia hasta bien entrada la película, pero su tiempo en pantalla resulta crucial debido al impacto que tiene su personaje en la relación entre Zuckerberg y Saverin.

Timberlake, idolo musical reconvertido en estrella de cine, nunca me ha caído especialmente bien por ese aire de chulopollas que desprende, pero hay que reconocer el ojo que han tenido a la hora de escogerle para clavar su personaje de Sean Parker, un vivalavirgen engreído y con mucha jeta que ve la oportunidad de sacar tajada aprovechándose de su labia. No sería de extrañar que su nombre aparezca durante la temporada de premios de este año en la categoría de mejor actor secundario.

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Pero sin duda una de las grandes sorpresas del filme es Armie Hammer, que aquí se duplica para dar vida a Cameron y Tyler Winklevoss, dos gemelos hechos a base de una mezcla de batidos de proteínas y testosterona y que, aunque en un principio puedan parecer simples cachas de gimnasio, en realidad esconden algo de cerebro, clase y estilo. Todo ello apoyado gracias al dinero y los contactos de papá.

En un movimiento habitual a la hora de integrar efectos especiales de manera sutil en sus películas, David Fincher consigue aquí que Hammer de vida a ambos usando el cuerpo del actor Josh Pence en uno de los hermanos para posteriormente ser completado digitalmente con la cara del primero. El resultado es fabuloso, consiguiendo que te los creas y dando lugar a divertidos momentos –aunque sea un drama está llena de puntos cómicos– con ambos compartiendo unos diálogos que saltan de la boca de uno a otro en perfecta sincronía.

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Quedaros con la cara de este chaval porque dará mucho que hablar en los próximos años. Iba a ser el Batman de Justice League: Mortal de George Miller y que no os extrañe si le vemos en la lista de candidatos para la próxima entrega de Superman.

En cuanto a las chicas de la película hay tema aparte, ya que la forma en que están presentadas ha hecho que Aaron Sorkin reciba acusaciones de misoginia durante las últimas semanas. No se puede decir que se muestren representaciones femeninas irreales o falseadas, pero bien es cierto que la película no destaca precisamente por tener grandes papeles femeninos. El mundo que presenta es un mundo “de tíos” y por tanto el 90% de las mujeres que aparecen son objeto de deseo y en general chicas ligeras de cascos que se sienten atraídas por el dinero y la fama como mosquitos que van hacia la luz. Vamos, el clásico T_D_S P_T_S.

Pero para equilibrar la balanza, Sorkin tiene en la recámara dos papeles secundarios, la ex novia de Zuckerberg (Rooney Mara) y la ayudante de su abogado (Rashida Jones), que funcionan un poco como corazón y conciencia de la película, aportando un punto de frescura al conjunto predominantemente masculino. Participación breve pero crucial.

Y a pesar de todo lo dicho de que La red social sea una de las candidatas que parte con mayores posibilidades para los Oscar, hay dos personas a las que no veremos recoger un galardón el próximo mes de marzo: Trent Reznor y Atticus Ross, encargados de una banda sonora que reutiliza un par de temas del disco Ghosts I-IV de Nine Inch Nails, con lo que seguramente la academia americana les excluirá instantáneamente.

Una auténtica lástima, ya que el score que han compuesto es de lo mejor del año y ayuda a crear una total inmersión con una atmósfera cerebral y minimalista acorde a lo que se ve en pantalla. Además de los temas relajados e íntimos que hacen un uso predominante del piano, los dos músicos también incluyen otros puramente electrónicos que se fusionan a la perfección con la dirección de Fincher, como en la escena de la creación de Facemash, una de las mejores secuencias no sólo de la película en sí, sino de todo lo que se ha visto este año.

También destaca su genial versión de In the Hall of the Mountain King del compositor noruego Edvard Greig que se utiliza en la secuencia de la carrera de remos. En mi opinión, una escena prescindible argumentalmente, pero tan bellamente rodada que supone toda una gozada para la vista y los oídos. Es en esos momentos donde uno da gracias de que el director detrás de esto sea David Fincher.

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En definitiva, una de las grandes películas del año y que sea o no la mejor, ya sea por balance popular o reconocida por sindicatos y gremios profesionales, dependerá del resto de ofertas de aquí a diciembre. Hasta entonces aquí tenéis una muestra de cine en estado puro de la mano de uno de los mejores guionistas y uno de los mejores directores que hay trabajando hoy día. Imprescindible.

2 comentarios:

gangas dijo...

La crítica más completa e informal que he leído de la peli.

Me ha gustado como la has descrito así que habrá que verla.

Saludos!

soYo dijo...

Es una peli más que recomendable. He oído que no merece la pena pagar por ver este tipo de pelis en el cine (porque no tiene rayos y centellas en 3D) pero la pantalla grande aporta mucho a unos actores ya de por si muy buenos.

Espero que la disfrutes :)