Se dice que sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. Pero, ¿qué
pasa con nuestra cámara? ¿Sacamos provecho de todas sus posibilidades o
sucede algo parecido a lo que dicen que ocurre con la mente? Conocer y
familiarizarse con todas las herramientas de una máquina fotográfica es
esencial para poder exprimir al máximo su potencial y marcar diferencias
a la hora de capturar una instantánea. Por eso, ahí van diez funciones
que tal vez nuestra cámara esconde en algún lugar de sus menús (y
nosotros sin saberlo).
Nivel electrónico.
Son cada vez más los modelos de gama media y alta que incorporan un
nivel electrónico entre sus prestaciones. La idea es trasladar el típico
nivel de burbuja a la pantalla o el visor de la cámara con un indicador
horizontal o vertical que nos permite alinear perfectamente la imagen.
De este modo nos ahorramos la tediosa labor de enderezar las fotografías
en el ordenador.
Modos personalizados.
¿Queremos ahorrarnos tiempo y dejar la cámara lista con una
configuración determinada para cada situación? Disponible en muchas
compactas y modelos de ópticas intercambiables, esta opción permite
modificar rápidamente los ajustes de la imagen -a veces con sólo girar
el dial de modos- sin tener que perder el tiempo entrando en los menús
para realizar cambios. Así, podemos concebir un modo personalizado para
fotografía familiar (con archivos JPEG de tamaño medio, por ejemplo),
otro para tomas macro (con bloqueo de espejo y prioridad a la abertura),
etcétera.
Histograma.
¿Dispone nuestra cámara de histograma en vivo? Si es así, debemos
activarlo. Este gráfico facilita mucho las cosas a la hora de dar con la
exposición correcta para cada escena, puesto que nos indica la
información que le está llegando al sensor en toda la gama de tonos. En
algunas cámaras también se puede ver en tiempo real un aviso sobre las
zonas sobreexpuestas, de modo que es sencillo corregir la exposición
sobre la marcha para evitar que ciertas partes de la toma se "quemen"
con las luces altas. Por cierto: para interpretar correctamente el
funcionamiento del histograma, nada mejor que echarle un vistazo a
este artículo.
Más allá del balance de blancos automático.
Es cierto: en la mayoría de situaciones el balance de blancos
automático funciona muy bien. Pero con iluminación artificial o cuando
confluye en la escena una mezcla de luces la cosa se complica y las
fotos pueden acabar con unos tonos excesivamente fríos o cálidos. La
solución es muy sencilla: buscar la opción de balance de blancos manual,
tomar una foto de referencia y listo: los blancos y los tonos de piel
de la instantánea recuperarán su color real. Si nos da pereza repetir la
operación, los ajustes prefijados (para flash, fluorescente, bombilla
incandescente, etcétera) también funcionan muy bien.
Modos de enfoque.
No es lo mismo enfocar una piedra que hacer lo propio con nuestro
perro. Hay que conocer todas las modalidades de enfoque automático que
ofrece la cámara, desde el más básico (simple y puntual) hasta aquel que
selecciona de forma automática el punto de foco y lo va modificando
continuamente. Atreverse de vez en cuando con el enfoque manual tampoco
es una mala idea para conseguir resultados más creativos. A veces una
toma claramente desenfocada puede decir más que otra en la que todo está
perfectamente nítido.
JPEG al gusto del fotógrafo.
Puede pasar que la configuración por defecto de los archivos JPEG de la
cámara no sea óptima o sencillamente los resultados no se adapten a
nuestro gusto. Por eso, nada mejor que personalizarla: contraste,
saturación, nitidez, tono, reducción de ruido… La variedad de ajustes
suele ser muy amplia, y aunque requiere dedicarle un poco de tiempo,
merece la pena. Puede que después incluso nos olvidemos del formato RAW.
RAW sin tener que pasar por el ordenador.
Si somos de los que sostienen que no hay vida más allá del RAW, puede
que el ordenador no sea tan imprescindible como pensamos. Y es que cada
vez es más frecuente la incorporación de una herramienta en la cámara
que permite revelar este tipo de archivos. Lógicamente, no ofrece tantas
opciones como los programas concebidos para esta tarea (Camera Raw,
Lightroom y Aperture, por citar los más populares), pero no todas las
tomas precisan de un procesamiento complejo. Así pues, podemos nivelar
la imagen, modificar el contraste o el balance de blancos, reparar el
efecto de los ojos rojos y otras muchas operaciones sin tener que pasar
por el ordenador. Del mismo modo, los archivos JPEG también pueden
modificarse con diversos efectos y filtros creativos.
Bloqueo de la exposición.
Lleva ahí casi toda la vida, pero muchas veces nos olvidamos de este
importante botón, que suele estar identificado con las siglas "AEL" y
que algunos fabricantes no están dudando en erradicar de sus cámaras
(otro daño colateral de la imparable miniaturización tecnológica).
Pulsándolo conseguimos bloquear la exposición en un punto determinado de
la escena para, por ejemplo, impedir que un retrato salga muy oscuro si
hay una fuente de luz trasera. Exponer en base al sujeto principal
(previa activación del sistema de medición puntual o central) y pulsar
este mando es una operación muy sencilla que no deberíamos desestimar.
Jugar con el flash.
Los clásicos retratos destrozados por un fogonazo frontal y con el
resto del encuadre oscuro lo han convertido en uno de los elementos más
temidos de la cámara. Aunque es cierto que el manejo del flash requiere
algo de práctica, hay opciones muy sencillas que pueden dar mucho juego.
La sincronización lenta o a la segunda cortinilla, por ejemplo, nos
permitirá crear interesantes efectos de movimiento y estelas en las
fotos. Por otro lado, combinando un golpe de flash con una exposición
lenta (lo que suele denominarse "retrato nocturno" en las cámaras
automáticas) también se pueden obtener instantáneas muy creativas.
Microajustes del autofoco.
¿No tienen nuestras imágenes suficiente nitidez? Quizás no haga falta
invertir miles de euros en un nuevo objetivo para solucionarlo y sólo
sea necesario calibrar correctamente la óptica para que rinda como es
debido. Hasta hace no mucho, había que pasar por el servicio técnico
para realizar esta operación, pero ahora muchos modelos de objetivo
intercambiable permiten realizar este ajuste. Para quienes se animen a
probar, es importante consultar el manual y dejar anotado cualquier
cambio que realicemos.
Vía quesabesde.com
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